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Política exterior e integración C.A.

Roberto Herrera Cáceres

La especialización en Derecho Internacional y las experiencias como Embajador ante varios países europeos, la Unión Europea y la ONU, y como gestor de organizaciones internacionales así como de consultor, nos han permitido testimoniar, en nuestros libros, la importancia de una política exterior en congruencia con una política interior de desarrollo nacional que valorice internacionalmente el esfuerzo principal de nuestros recursos humanos y capacidades, y la utilización racional de nuestros recursos naturales, económicos y competitivos, para mejorar nuestra realidad integral, con atención particular a las necesidades básicas de la población menos favorecida y a su derecho de gozar de un nivel apropiado de vida digna (Herrera Cáceres, H. Roberto, Diplomacia – Política y Desarrollo Nacional de Honduras, 1983).

Aislar la política exterior de la interior es carecer de política alguna y caer en el abismo de las improvisaciones y de las expectativas frustradas, resultantes de la falta de comprensión del fin humanitario del Estado nacional y de la comunidad democrática internacional. Por eso, afirmamos el sentido de la política exterior y la eficacia potencial de la acción diplomática de Honduras que, sobre la base de los planes nacionales de desarrollo, orienten su misión internacional y la sustenten firmemente en principios internacionales fehacientes como el respeto a la soberanía de Honduras sobre sus recursos naturales, a la autodeterminación de nuestro pueblo, y al beneficio mutuo y equitativo en nuestras relaciones con otros países.

La política exterior de Honduras debe adecuarse principalmente a los intereses nacionales prioritarios de desarrollo nacional conducentes al mejoramiento de la calidad de vida, a la seguridad democrática de los habitantes, al respeto internacional de nuestro país y a cooperar estrechamente con los Estados democráticos cuyo fin supremo es promover la dignidad humana (Herrera Cáceres, H. Roberto, Honduras ante Cuestiones Relevantes del Derecho Internacional, 1989).

En 1990, propusimos lo que acuñamos como “Diplomacia para el Desarrollo”. Propuesta, como muchas otras, que aceptada aparentemente al ser invocada por su nombre, en diferentes ejercicios gubernamentales, sin embargo, fue vaciada de su contenido que debe basarse en la realidad integral de Honduras, en el esfuerzo nacional de planificación del desarrollo nacional y en el mantenimiento firme de los principios soberanos.

En 1996, como Secretario General del Sistema de la Integración Centroamericana presenté la iniciativa de una estrategia regional en el ámbito internacional a realizar por medio de una “Diplomacia centroamericana para el Desarrollo Sostenible”. La iniciativa precisa los cimientos jurídico – políticos y su objetivo de propiciar la acción regional concertada que evidencie más el peso y la capacidad de negociación internacional del Sistema de la Integración Centroamericana para complementar el esfuerzo de desarrollo humano de cada uno de los Estados miembros y de su inserción más ventajosa y efectiva en la globalización (Herrera Cáceres, H. Roberto, El Sistema de la Integración Centroamericana, Memoria y Prospectiva, Hacia la Convergencia Funcional Dinámica para el Desarrollo Integral Sostenible de Centroamérica, 1997).

Ha habido falta de voluntad política para adoptar esas iniciativas, pero perseveramos presentando formas y contenidos tanto para manejar mejor los vínculos políticos, de intercambio y de cooperación con otros Estados u organizaciones, como para actuar diplomáticamente en las negociaciones con criterios técnicos guiados por el objetivo primordial de relaciones democráticas centradas primariamente en la gente y su desarrollo humano.

Así, con respecto a la celebración de un Acuerdo de Asociación que incluya una Zona de Libre Comercio entre Centroamérica y la Unión Europea, recomendamos negociar en función de objetivos e intereses comunes que ambas partes han reconocido como fundamentales “para emprender una nueva fase de relaciones, más profundas y más modernas y permanentes”.

Lo que significa que, en todos los ámbitos y componente (políticos, de cooperación y comerciales) del Acuerdo de Asociación, la parte europea debería contraer obligaciones verificables con Centroamérica que reflejen concretamente la aplicación de sus compromisos reiterados con la dignidad humana; las sociedades democráticas, participativas, equitativas, pluralistas e incluyentes, la cohesión social y la consideración y compensación efectiva de las asimetrías; el fortalecimiento del Sistema de la Integración Centroamericana como organización regional con personalidad jurídica propia; y la observancia de los principios reafirmados de respeto a la democracia y a los derechos humanos fundamentales, al Estado de Derecho, y al fomento del desarrollo humano sostenible para contribuir a un mayor crecimiento económico y a la mejora gradual de la calidad de vida de los pueblos. (Herrera Cáceres, H. Roberto, Integridad y Transparencia en Centroamérica y en sus Relaciones Internacionales, 2007). En forma paradójica, los hechos demuestran la dirección y resultados hasta ahora contrastantes de la negociación interregional.

A pesar de las enseñanzas del Derecho y de la Política Internacional y de la Diplomacia, Honduras continúa adoleciendo de un horizonte definido que salvaguarde nuestros intereses propios de desarrollo nacional, subestimando nuestras capacidades humanas, así como la igualdad, equidad y beneficio mutuo que ofrecen los espacios internacionales a la negociación entre Estados soberanos (Herrera Cáceres, H. Roberto, Imperio del Derecho y Desarrollo de los Pueblos, 2003).

Sin lugar a dudas siempre hay varias opciones, pero para Honduras, como Estado democrático de Derecho, sólo cabe una política exterior digna que preserve su supeditación a la Constitución de la República, mantenga su vinculación con la política interior de desarrollo nacional y de seguridad democrática, y asegure el mejor aprovechamiento de las relaciones internacionales para el progreso humano y la seguridad de la Nación, de Centroamérica y de la comunidad democrática internacional.

Esa política exterior necesita estructurarse con estrategias y líneas de acción en la perspectiva de nuestro Proyecto de País, acorde con estos tiempos de integración regional y de globalización, para atraer comercio, inversión, tecnologías, cooperación y corrientes de información que favorezcan esa transformación.

Para implementar esa estrategia se deberá recurrir a la diplomacia profesional que entienda el Derecho Internacional y el juego de intereses en la política internacional.