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Sequia y hambruna

Guillermo Fiallos A.

Comienza, nuevamente, el ciclo doloroso de todos los años: escasez de agua y hambre en una cantidad creciente de municipios en Honduras. Sucede esto de forma cíclica, sin que las autoridades pasadas hicieran algo para detener este círculo de agonía y desesperanza.

Los municipios situados al sur del Departamento de Francisco Morazán junto a otros de Valle, Choluteca, La Paz, Intibucá, Lempira y El Paraíso, comienzan a clamar por esa ayuda debido a que el cielo no les provee agua y la tierra no les brinda sus frutos.

Estos pobres compatriotas parecen condenados, fatídicamente, a extender sus súplicas al comenzar cada verano pues no tienen qué beber ni qué comer.

Un Estado que ha sido incapaz de resolver esta situación que se presenta temporada tras temporada, no justifica su existencia cuando deja a la suerte del destino a su elemento principal: su población.

No es posible que a estas alturas de la vida civilizada en la que estamos los hondureños, sigan compatriotas amenazados de morir de hambre y sed. Lo más fácil es echarle la culpa al cambio climático, al efecto invernadero, a los fenómenos del niño o la niña… en fin, culpables siempre se van a encontrar, sobre todo, provenientes de la naturaleza pero nunca se va aceptar que los funcionarios de gobiernos pasados de distintas dependencias, tienen su gran cuota de responsabilidad.

Todos se lavan las manos y dejan el problema a quienes actualmente llevan las riendas del país. Estos tienen que actuar y en forma rápida pues los estómagos y las gargantas no esperan a que se formen comisiones que se reúnan, elaboren estudios, dictaminen, soliciten y lleven la ayuda.

Esta pobre gente sufre de una miseria ancestral a la que no se le ha podido dar solución, pues en Honduras cada gobierno que llega tiene –como ya se ha afirmado en otros escritos-- una visión gubernamental de cuatro años y no existe una panorámica estatal de largo plazo. Quizá con el tan promocionado Plan de Nación, se logre ese objetivo.

A muchos extranjeros les sorprende la incapacidad de maniobra, visión y gerencia que han tenido los burócratas y empresarios hondureños, al no aprovechar el generoso recurso fluvial con el que contamos. Otros países como Israel, para dar un ejemplo, se sentirían bendecidos con todos los ríos que posee nuestra patria.

Seguramente, ellos hubieran hecho maravillas al irrigar vastas plantaciones en lugar de estar dejando que, segundo a segundo, se derrame irresponsablemente miles de galones de agua al Océano Atlántico y al Pacífico.

¿Será que no nos hemos dado cuenta de lo que tenemos? ¿Será que tanto burócrata ha llegado a sus cargos sólo para beneficiarse y no para ayudar a los necesitados? ¿Será falta de solidaridad con los que casi nada tienen? Ha llegado el momento de construir pero no sólo para el presente, sino planificar para el futuro; de tal manera, que estos municipios con sus aldeas y caseríos que hoy están en indigencia, no vuelvan a sufrir otro verano más por la carestía de alimentos y agua.

No hacer nada por esas casi diez mil familias que se calcula están en riesgo de padecer hambre y sed, es cerrar los ojos criminalmente a una situación que se convierte en un pecado social. Todos debemos unirnos y aportar ideas, recursos y facilidades para que no continúe esta triste historia.

Lo importante no es dar agua y alimentos únicamente para hoy sino también, proporcionarles las fuentes y herramientas para que no vuelvan a padecer de hambre y de sed en el porvenir. A estos compatriotas hay que brindarles una forma de sustento que haga auto sostenible sus vidas y no sólo por un principio de responsabilidad estatal, sino también por la dignidad de estos hermanos que merecen ser tratados con todo el respeto e igualdad.

Un pueblo con hambre y con sed, estará permanentemente en el desierto, viviendo con angustia y perdiendo su confianza en las instituciones estatales. Quizá, lo único que alienta a esos ciudadanos hondureños, es su fe en Dios que les permite seguir adelante a pesar de que parezca eterna, la oscuridad de la noche.

Con medidas creativas y pensando en el bienestar de los demás, se podrá sacar a esta gente del abandono en el que se les ha mantenido por décadas. El Estado, la empresa privada, las cooperativas, los patronatos, grupos campesinos, iglesias, sociedad civil y el hondureño común deben dar muestras de que no todo está perdido en la nación, de que existe todavía el principio de Solidaridad Responsable que nos hace voltear los ojos y tomar acción para aquéllos que hoy necesitan de los que tienen recursos.

Si se cumple lo anterior, cada vez que nos bebamos un vaso con agua y nos llevemos una tortilla a la boca, no sentiremos remordimiento al pensar que allá, tierra adentro, hay hondureños que no tienen agua para saciar su sed ni alimentos para calmar su hambre.

Imagen de Vctoria Chinchilla

Sequia y Hambruna

Nuevamente el Lic. Fiallos trata de un problema agudo que parece no despertar el interés de nuestros gobiernos: Hasta cuando habremos de sufrir los hondureños con la indiferencia de los poderes públicos y privados.
Como decia el Lic. Fiallos en notro articulo: Basta Ya!
Felicito a Hondudiario por permitir las publicaciones deste excelente pensador y crítico social llamado Guillermo Fiallos.

Victoria Chinchilla

Imagen de vvalladaes

Comentario

Estoy de acuerdo con lo que escribe el Lic. Fiallos, creo que mientras sigamos con este tipo de políticos y empresarios que no tienen una vision de largo plazo y dandolo continuidad a los proyectos, iremos cada día empeorando la caotica situacion en que nos encontramos.

Victor Valladares